miércoles, 28 de febrero de 2018

Febrero,




Has sido, otra vez, eso, Febrero.

Será típico, pero cómo te cunden los pocos días.
No sé si quiero ser como tú, aunque sin querer me parezco; pequeña y caótica.

Ambos sabemos que has venido con equipaje extra y ni siquiera te quedabas, no pasa nada, yo hago lo mismo para irme un finde semana a una casita donde al final sólo llevo pijama, encendiendo chimeneas y las luces de emergencia.

En mi primer día de trabajo te vi nevado y me destrozaste el pelo, pero es que eras tan bonita que no podía quejarme, ahora tengo unos guantes feos que no sé cuándo usaré, me has traído nuevos retos, despertadores y eso que llaman "ser responsable", estaré aprendiendo, pero sigo sin saber si tengo ojeras o no, aunque tampoco me importa.

Terminaste con mis noches de OT con la magia ganando y una sonrisa de oreja a oreja en mí, luego llegó un cumpleaños demasiado pronto para recordarme que el tiempo pasa rápido, veloz, como yo, haciendo maletas en 5 minutos y saltando de la oficina a un bus de cuatro horas.
Acorto horas, carteles y mi flequillo, con fiestas sorpresas y despedidas que sorprendentemente siempre hacen el mismo daño.

Llega un lunes que nada más empezar me robó la energía, intento ser positiva pero hay días que no sale y ya está. Lo de preparar la comida el día de antes sigue siendo complicado pero tengo un acompañante que me lo hace más fácil. Los miércoles son más de ser valientes y querer echar setas a la sopa aunque el jueves se te olvide un poco y recuerdes tus noches de El Internado. Y al final llega el viernes, pero a mí no me llames por tu nombre, que yo tengo el mío y soy muy feliz con él. Con inquietudes que un sábado acaban de malasaña y buenavibra. Y ojalá entienda los domingos, pero son muy domingos aunque a veces me ahoguen con sus mantas.

Sigues dando guerra pero me fabricas escudos, me levantas cuando el resto quiere que me quede sentada y ni siquiera por rabia puedo llorar, aunque estuve a punto de hacerlo por risa. La pintura de la pared se está estropeando de tanto quitar el reloj pero no es algo que en realidad me moleste si acabo de fiesta de pijamas varias veces por semana. Sigo sin saber cuánto dinero he gastado en cine, pero al menos sé que la solución para el asma es un cono de nata. Al final yo soy una de esas niñas, que se quedan mirando los castillos y desearía irse corriendo con su mejor amiga a DisneyLand.

Febrero es hablar de sinceridad aunque cueste, pero ser valiente siempre está de moda, con el orgullo a un lado a veces y otras bien alto. Más todavía si una amiga nueva lo primero que hace es sacarte de fiesta, yo soy de sí fácil y pa fuera lo malo, aunque no entiendan 5 "no" seguidos, pa mala, yo.
Nunca una resaca me ha sentado tan bien, cambiando las llamadas en espera por charlas hasta tarde y patinadoras agresivas. Pero hay algo que me has instalado, Febrero, un motor de correr por Madrid a las 6 de la tarde buscando aventuras y consiguiéndolas, hacerme ver sin querer que en el fondo hago cosas que otros admiran, aunque me conduzcan a refrescar la página de skyscanner más de lo que desearía.
Te diría por qué el 27 me hace tan feliz y me alivia, pero mejor que sea nuestro secreto tonto, que quiero seguir sonreír sin que el resto conozca los motivos.

Y acabas por la puerta grande y Lady Bird pataleando en mi interior, con un gran suspiro por lo que se ha ido, se queda y se viene. Ya oigo a Marzo desde aquí y aunque sin cambiar los calendarios sé que es fuerte, dile que quiero un poco de tregua, que necesito bajar la guardia un rato y hacer todo lo que deseo.

Porque podré haber escuchado "Wait" cien veces seguidas, pero la verdad es que no me apetece esperar.

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